Llegó agosto y con él la tan esperada temporada de vacaciones. Para muchos, es el momento de desconectar, recargar energías y disfrutar de un merecido descanso después de un año de esfuerzo y dedicación. Sin embargo, la realidad no es la misma para todos.
Existen miles de personas que, a pesar de trabajar arduamente durante todo el año, no pueden permitirse tomarse un descanso. Las razones son muchas: condiciones laborales precarias, responsabilidades familiares, miedo a perder oportunidades o la presión de que “no hay tiempo para parar”.
Como mentora y coach, he aprendido que reconocer esta realidad es fundamental para crear ambientes laborales más humanos y flexibles. Las vacaciones no deberían ser un lujo, sino un derecho para cuidar la salud física y emocional de cada persona.
Además, el descanso no es solo para “desconectar”, sino para reconectar con uno mismo y potenciar la productividad y creatividad al regresar.
Por eso, invito a empresas y líderes a reflexionar sobre cómo pueden crear espacios donde el descanso sea parte de la cultura organizacional, para que todos puedan disfrutar realmente de sus logros, sin culpa ni estrés.

No hay comentarios:
Publicar un comentario